El Último Refugio de la Voluntad Propia

El ser humano, tiene voluntad propia. Mises sostiene que, «…a diferencia del resto de los animales, el hombre no es un títere de los instintos o impulsos sensuales; el hombre, puede reprimir esos deseos instintivos, puede distinguir y elegir entre fines incompatibles, tiene voluntad propia. En este sentido, el hombre es un ser moral, es un ser libre…» ¿De dónde proviene la voluntad propia del hombre?. De lo más profundo de su mente.

La voluntad es un fenómeno de la mente y, como tal, algo esquivo a la comprensión misma. Cada acción de un individuo, está guiada por decisiones en base a las ideas generadas en y por la mente. Las ideas, son el punto de partida de la acción humana. En rigor, nadie sabe cómo se forman las ideas, se desconoce la manera en que ellas determinan la conducta individual. Según Mises, tampoco existe alguna idea acerca de cómo obtener este conocimiento. Es como caer en las garras del razonamiento circular. Pero este desconocimiento es altamente beneficioso para nuestra especie. «…Si tal conocimiento fuera alcanzable para los hombres, … entonces se alteraría la esencia de la condición humana…» el hombre perdería la voluntad propia.

“…Es precisamente la falta de ese conocimiento, lo que genera la diferencia fundamental entre las ciencias naturales y la ciencia de la acción humana…” “…Las ideas no son producidas por hechos externos, no son el reflejo de las condiciones de la realidad, no están únicamente determinadas por un factor externo comprobable e imputable en la forma en la cual el resto de las circunstancias imputa un efecto a una causa definida…” Las ideas se derivan de la mente, y eso es lo único sensato a decir sobre sus orígenes.

Esta limitación, sobre los determinantes de las ideas, constituye una barrera infranqueable a las pretensiones de superar la mente humana por medio de la inteligencia artificial. Si no se sabe cómo se producen las ideas, si se desconoce la forma en que podría obtenerse tal conocimiento, entonces ¿cómo es que programaremos una máquina para hacer esa búsqueda por nosotros?, ¿de qué manera tal programa fijará sus propias condiciones de partida que son absolutamente desconocidas?. La respuesta a esa pregunta es que jamás haremos tal programa, porque no existe. No se trata de buscar algo que, aunque complejo y muy escondido, sabemos puede existir. El problema es que no sabemos lo que estamos buscando. O, ¿estamos buscando algo inaccesible a la mente humana.?

Del mismo modo en que las ciencias naturales no pueden decirnos algo acerca de la nada, acerca del origen del cosmos, tampoco pueden comunicar algo acerca del origen de las ideas. La nada, es el stopping point, el punto de partida, de la cosmología: el universo surgió de la nada y puede colapsar en ella. Punto. Algo similar a la nada, sería el stopping point para una teoría sobre la voluntad propia. Por el libre albedrío, sabemos que existe algo, que genera eventos, acerca del cual las ciencias naturales no pueden comunicar información alguna, algo invisible e intangible a ellas. Ese algo es la mente humana.

El descubrimiento del inicio del libre albedrío, permitiría generar y manipular las ideas y la voluntad del hombre. Pero la mente humana, esa fábrica de conocimientos, guarda bajo siete llaves los más preciados secretos, los detalles esenciales sobre la manufactura de ideas y, al hacerlo, se constituye como el principal protector de nuestra condición esencial, como el último refugio de la voluntad propia.

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